Por qué revisar la audición de un niño
Los primeros años son clave para el desarrollo del lenguaje. Un niño que no escucha bien puede tardar en hablar, pronunciar mal, distraerse en clase o parecer que “no pone atención”, cuando en realidad no está oyendo con claridad. Muchas pérdidas auditivas en la infancia son leves o temporales y por eso pasan desapercibidas; aun así, pueden afectar el aprendizaje.
Señales de alerta según la edad
- De 0 a 3 meses: no se sobresalta con ruidos fuertes ni se calma con tu voz.
- De 4 a 6 meses: no busca con la mirada de dónde viene un sonido.
- De 7 a 12 meses: no balbucea o no reacciona cuando lo llamás por su nombre.
- De 12 a 18 meses: no dice sus primeras palabras ni entiende pedidos sencillos como “dame”.
- A los 2 años: no une dos palabras o usa muy pocas.
- En edad escolar: pide que le repitan, sube mucho el volumen de la televisión, habla muy fuerte, se distrae o baja su rendimiento.
También conviene una evaluación si tiene otitis frecuentes, si hay antecedentes de sordera en la familia, si nació prematuro o estuvo internado en neonatología, o después de enfermedades como la meningitis.
Otitis y audición
Las infecciones de oído son muy comunes en la infancia. A veces, aunque el dolor pase, queda líquido detrás del tímpano que baja la audición durante semanas. Esa pérdida va y viene, y por eso es difícil notarla en casa. La impedanciometría permite detectarla de forma rápida y sin molestias, y si hace falta te referimos al pediatra o al otorrinolaringólogo.
Cómo evaluamos según la edad
- Bebés: otoemisiones acústicas, una prueba rápida que registra la respuesta del oído interno con una pequeña sonda mientras el bebé está tranquilo o dormido.
- De 6 meses a 2 años y medio: audiometría con refuerzo visual. Cuando el niño voltea hacia un sonido, se le premia con una luz o un juguete que se ilumina.
- De 2 años y medio a 5 años: audiometría por juego. Cada vez que escucha un sonido, pone una ficha en una caja o un aro en un palito.
- Desde los 5 o 6 años: audiometría convencional, como la de los adultos, y logoaudiometría con palabras adecuadas a su edad.
- A cualquier edad: otoscopia e impedanciometría para revisar el conducto, el tímpano y el oído medio.
Si el resultado lo requiere, te orientamos y te referimos para estudios complementarios, como los potenciales evocados auditivos, o a terapia de lenguaje.
Cómo preparar a tu hijo para la cita
- Contale que va a jugar a escuchar sonidos y que no duele.
- Elegí un horario en que no tenga sueño ni hambre; a los bebés les ayuda llegar listos para dormir.
- Traé su juguete favorito y los estudios auditivos que tenga, incluido el resultado del tamizaje auditivo neonatal.
Si la evaluación muestra que necesita apoyo para escuchar, te explicamos las opciones, incluidos los audífonos, y cómo será el seguimiento.